El Niño del 2026 aun no se ha convertido en un Super Niño / Foto: NTI Radio

Caracas._ El fenómeno de El Niño genera alertas mundiales sobre sus efectos meteorológicos extremos mientras especialistas evalúan la intensidad real de sus recientes manifestaciones en el Océano Pacífico.

Diversos titulares mediáticos suelen calificar cada nuevo evento oceánico como el más destructivo registrado jamás, generando alarma constante entre la población civil e instituciones globales.

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Los meteorólogos miden la gravedad de este evento climático mediante el registro de las anomalías térmicas en la superficie marina del sector ecuatorial del Pacífico.

El análisis instrumental de los últimos setenta años destaca tres episodios fundamentales categorizados como súper eventos climáticos por el nivel de calentamiento alcanzado en las aguas.

El Fenomeno de El Niño / Foto:

Análisis

El ciclo registrado entre los años mil novecientos ochenta y dos y mil novecientos ochenta y tres provocó sequías severas en Asia junto a fuertes lluvias en América.

Durante la etapa de mil novecientos noventa y siete a mil novecientos noventa y ocho se presentaron daños severos a la infraestructura agrícola global por desastres naturales.

El período comprendido entre dos mil quince y dos mil dieciséis igualó los máximos históricos de temperatura oceánica y estableció marcas de calor en el planeta.

Los registros paleoclimáticos identifican al período de mil ochocientos setenta y seis a mil ochocientos setenta y ocho como el más devastador de la historia documentada.

Aquel evento histórico coincidió con fluctuaciones térmicas en el Océano Índico, desatando sequías prolongadas e incendios masivos con hambrunas globales de enorme escala destructiva.

Las proyecciones sobre eventos actuales se potencian al interactuar con el calentamiento global de base, incrementando la intensidad de olas de calor e inundaciones territoriales.

La temperatura del agua no define por sí sola los destrozos materiales, pues la infraestructura moderna y la alerta temprana amortiguan las consecuencias socioeconómicas directas.

Los científicos insisten en diferenciar la intensidad puramente física del fenómeno frente a los impactos reales que sufren las comunidades ante variaciones climáticas tan extremas.

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